Lo sé, es un título extraño para un artículo y posiblemente su contenido tampoco pegue mucho aquí, pero me apetecía explayarme largo y tendido.

 

 

Cualquiera que tenga una pequeña empresa, sabe todos los aspectos que hay que atender. Cosas que nuestros clientes ven y otras muchas que no se ven. Si tienes una tienda tienes que atender a los clientes en el horario de apertura, pero por detrás hay cientos de cosas que hacer: ordenar y limpiar la tienda, cambiar los escaparates, llevar un control del stock, cuadrar la caja…y así hasta el infinito.

 

Muchas veces nos toca delegar nuestras funciones, buscando el equilibrio entre lo que nos permite nuestra economía y lo que recomienda nuestra salud mental. Y yo soy muy partidaria de externalizar servicios, aunque tengamos que apretarnos un poco más el cinturón: generamos una ganancia para otra empresa y disponemos de más tiempo libre. Cada cuál decide qué externaliza: la limpieza, la gestoría, sus redes sociales…

 

Pero hay un error que cometemos muchas veces y es olvidarnos totalmente de ese servicio que hemos externalizado y entregar todo el control a otra empresa.

 

¿Y por qué hablo de esto ahora?

Antes de contaros porqué estoy escribiendo esto, voy a aclarar dos conceptos que cualquiera que tenga una página web debería tener claros: dominio y hosting (o alojamiento).

 

No voy a utilizar un lenguaje técnico, eso se lo dejo para los especialistas y podéis encontrar cientos de definiciones en Google. Voy a hablar como si se lo contase a mis alumnos, a personas que no saben nada de diseño web y no tienen porqué saberlo.

 

¿Qué el dominio de una página web?

Es la dirección web de cualquier página. En mi caso es conectayavanza.es. Los dominios se alquilan (que yo sepa, durante un año) y hay que ir renovándolos. Normalmente, la empresa donde hemos alquilado nuestro dominio nos avisa un mes antes de que va a caducar y tenemos que renovarlo si es lo que queremos hacer. O incluso podemos tener la renovación automática, teniendo que cancelarla si no queremos que se renueve.

 

Los dominios más habituales en España son los que tienen la terminación .es y .com. Lo habitual es alquilar las dos terminaciones para que nadie se llame como nosotros pero con otra terminación. Después lo único que hay que hacer es redirigir las dos terminaciones a una sola página web.  Existen muchas más terminaciones pero comprarlas todas sería un desembolso importante para una empresa pequeña.

 

El precio de un dominio suele rondar los 10€ anuales, aunque según la terminación puede ser más caro o más barato.

 

¿Qué es el hosting?

Esta palabra inglesa se utiliza para denominar al alojamiento web. Un hosting es un espacio virtual donde están guardados todos los archivos que componen nuestra web.

 

Esto ya es un poco más complicado, ¿verdad? El símil que me parece más acertado para que se comprenda mejor es que un hosting es un trastero virtual. Allí vamos poniendo todo lo que publicamos en nuestra página web.

 

De nuevo, el hosting es alquilable y suele ser por un año. Existen muchísimas empresas que dan este servicio y tenemos de todos los precios, ofreciendo unas u otras prestaciones (más espacio web, atención al cliente 24 horas, copias de seguridad…). A partir de 60€ podemos obtener este servicio y, como en el dominio, pueden renovarlo de manera automática o pueden avisarnos de que tenemos que pagar para renovarlo.

 

Es muy habitual que el dominio y el hosting se alquilen desde la misma empresa y a la vez. Por lo que el período de uso será el mismo.

 

Y ahora, vamos a lo que habíamos venido:

Todo esto que he contado arriba viene porque el otro día me llamó un cliente muy apurado porque había recibido un correo electrónico de una empresa de dominios diciéndole que se le caducaba el dominio de su página web y no sabía que tenía que hacer para renovarlo.

 

Entramos en la web para renovarlo y cual fue nuestra primera sorpresa al comprobar que él no estaba registrado como cliente. Intentó ponerse en contacto con la empresa que había diseñado su página web y fue imposible. No le cogían el teléfono.

 

Nos pusimos en contacto con la empresa de dominios y le dijeron que, en ese caso, tendría que enviar por correo certificado o por Burofax la documentación que acreditaba que él era el dueño de la empresa. Es lógico, porque si no cualquiera podría robar un dominio.

 

Con el tiempo corriendo en contra nuestra, teníamos que hacerlo, aunque siguiésemos intentando contactar con la empresa que había hecho la web.

 

La primera en la frente.

 

 

¿Cuál fue la segunda?

Intentamos acceder a la página web porque quería cambiar unas cosas y la página no existía. Y eso es más grave.

 

La empresa que le hizo la página sigue sin dar señales de vida y ahora, mientras escribo, esto, seguimos intentando solucionarlo. Y por eso os digo que seáis libre, que no confiéis al 100% parte de vuestra empresa a nadie. Si os diseñan la página web, si os llevan las redes sociales, etc, debéis tener acceso a todo.

 

En este caso, no hubiese habido problemas si mi cliente hubiese podido acceder a la renovación del dominio y a la base de datos de su página web (y si quien se la ha hecho tuviese ética, pero eso es otro tema del que podríamos hablar largo y tendido).

 

¿Y las cañas, pa´cuando?

 

 

Me gusta trabajar con mis amigos y conocidos. Si hay algo que no puedo/no se hacer me gusta que lo haga alguien que conozco. Si alguien tiene que ganar dinero, que sea alguien cercano.

 

Pero esto puede ser un arma de doble filo: muchas veces no nos quieren cobrar nada o solamente un precio simbólico y, por desgracia, no seremos su prioridad.

 

Y te puede pasar como a mi amiga, que lleva un año esperando a que le terminen su web. Y es una web sencilla, que no soy amiga de Amancio Ortega 😉

 

Así que deja a tus amigos para tomarte unas cañas y seguro que vuestra amistad no se resiente.